Archivo de Abril de 2006
Mini crónica de lo vivido en Baigorria
Es de noche, estamos en el fogón a orillas del río Paraná. Se escuchan voces, una proclama que gracias a la “chica” del taller de expresión corporal él se pudo sacar la máscara, que no sabe como agradecerle, dice que admira el coraje de los que hacen dedo, quiere otorgarle la palabra a otro, está ansioso, acelerado, habla desprolijamente de cosas que sintió, cosas que le pasaron, efectos que le produjo el grupo. Pienso que es entendible su ansiedad porque acaba de descubrir, de hallar que hay más formas de vivir la vida de las que él pensaba o suponía, que hay muchas formas de habitar este mundo; encontró algunos locos que en la sencillez de las llamas del fuego, los acordes de guitarra y unos juegos que no precisan más que de nuestra presencia, festejamos una simplicidad que llena, que puebla de historias, sabores, intensidades. Nuestra vida se topa de repente con personas que gustan del frío de la noche y el calor humano, que trocan apretadas discotecas llenas de ruido y individualidad chamuyera por un colectivo de gente que tiene cosas para contar, palabras para decir que portan un indispensable y sustancial alimento para el alma ¿Cómo no va a querer compartir todo esto con nosotros? ¿Cómo no se va a desesperar buscando expresar tantas sensaciones lindas y arrasadoras?…El publico lo escucha, se ríe, todos queremos hablar. Los organizadores cuentan que no es tan difícil hacer un encuentro, que es cuestión de dedicar tiempo y ganas. Alguien que esta mas atrás se ofrece como traductor , no hace más que repetir lo que dice otro, pero causa mucha gracia, quizás por que justamente dice lo mismo pero esta diciendo otra cosa, esta portando en su garganta palabras fugadas de otra boca, con otra voz (sobre todo teniendo en cuenta la castigada voz de una de nuestras anfitrionas), lo relaciono con el funcionario ¿acaso el también no dijo una cosa pero queriendo decir otra? Sigue la multiplicidad de voces encontradas desarrollándose en la noche, se propone que hablen “los extranjeros”.
Algunos hablan de que habría que volver a las competencias de autostop, otro declara que va a mudar la idea a Chile, varios contrastan ideas, hablan de próximos lugares. Creo que todos (o casi todos que no es lo mismo pero esta bien) nos sentimos cómodos, contentos por ese extraño gualicho que es el compartir, la oportunidad generosa del pasaje fugaz por la existencia del otro, la posibilidad de hallarnos en muchas historias: irse a Egipto, pasar trece meses en Latinoamérica, imaginarse en la piel del que llega por primera vez hasta esta suerte de comunidad mochilera, una colombiana en Bs. As, un flaco durmiendo con su carpa en el medio (es literal) de un extraño bailongo de borrachos cantores de la vida y etc, etc y etc…
Quizás tenemos en común que en algún momento empezamos a sospechar de la rutina y contruimos otra posibilidad, otro camino, otro canal, otra ruta…
Ruta: del latín vía rupta, ruptus: romper, camino abierto.
Rutina: del francés rutine, costumbre inveterada, habito ADQUIRIDO de hacer cosas por la mera practica y sin razonarlas.
Probamos arriesgar un desvió a lo convencional, lo esperado, lo consensuado socialmente, encontramos que empaparse del otro esta bueno, que no se trata de crear cosas en el espacio sino de crear el espacio mismo, que no se necesita tanto para sonreír y sentirse bien…alguien me decía que le llamaba la atención que en una de las noches varios veníamos comidos de rosario y que sin embargo volvimos a comer el guiso del campamento de Baigorria, concluimos que comer el guiso del campamento de Baigorria era una forma de pertenecer a la galaxia que constituimos todos en esos cuatro días, que esta nos aloja, nos hospeda, abriga, arropa nuestros sueños para que no se mueran de frió, que somos concientes de que a veces soñamos despiertos y que justamente ahí radica nuestra potencia, intuimos que las ganas de hacer cosas no es poca cosa, que se nos vuelve fértil la vida en la sencilla ceremonia de cebarle un mate al que tenemos al lado, que somos ricos e importantes sin tener empresas ni compañías, que algunos pueden hacer dedo para ahorrar pero que muchos otros decidimos esta forma de viajar, que es un vicio, como algo que crece desmesuradamente y no se puede parar, que preferimos la lucidez y los conflictos a una anestesia que nos salve del peligro de vivir.
El Pera






