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Relato: Mochileada por Chile y sur argentino


PRIMER DÍA

El sábado 1 de febrero de 2014 a las 05:30hs Celeste y yo agarramos las mochilas y salimos con rumbo a Neuquén, (ese día hizo exactamente un año de la primera vez que salimos con rumbo a la Patagonia). Estábamos equipados entre otras cosas, con un calentador noventoso y una carpa berreta. Viajamos en 3 colectivos y dos trenes antes de poder empezar a hacer dedo en el peaje de Cañuelas, eran aproximadamente las 15:00hs, tardamos eso porque en Constitución tuvimos que esperar dos horas a alguien que le tenía que devolver algo a Leste. En fin, en el peaje habremos estado haciendo dedo 20 minutos hasta que para una mujer en un auto, se llamaba Alejandra, y nos dijo que nos tiraba hasta San Miguel del Monte. En el camino nos contó de un par de viajes que hizo a Chile, nos habló de cuando cruzó los caracoles, recuerdo que yo por dentro decía "Quizás en unos años y con un poco más de plata me mande para ese lado". Ya en SM del Monte nos despedimos y fuimos hasta la terminal en busca de un techito para poner los cubremochilas, porque había empezado a lloviznar. Cinco minutos después volvimos a la banquina para seguir, parecía que el clima se burlaba de nosotros porque el agua había parado. Hicimos dedo con cartelito a Las Flores unos 10 minutos hasta que un camión frenó como 100 metros más adelante, yo me mandé una super corrida, hablé con el camionero el cual me dijo que nos tiraba hasta allá. Él se llamaba Walter, tenía unos 34, era un loco re buena onda, nos contó que siempre levanta mochileros, que una vez alcanzó a llevar cinco al mismo tiempo, ¡sí, cinco!. Entre charla y mates (cebados por él) nos dijo que iba a Olavarría, que si queríamos nos dejaba en Azul, asi que hasta allá fuimos. Nos bajamos en la rotonda en donde él doblaba, y fuimos a la estación de servicio a cargar agua. Al rato cruzamos la rotonda y empezamos a caminar unos metros para seguir haciendo dedo. Antes de apoyar las mochilas, incluso antes de siquiera detenernos, nos toca bocina un camionero y nos hace señas de que paraba unos metros mas allá. Su nombre era Nicolas, era un pibe de unos 30 años, le dijimos que íbamos hasta Bahía Blanca, él nos dijo que nos dejaba en Chaves (él iba a San Cayetano), nos subimos nomás. Charlando nos dijo que de vez en cuando viajaba de mochilero, nos preguntó "¿Conocen la página Autostopargentina?" Yo me reí y le dije que sí, que la conocía. Fue muy colgado eso, de hecho el loco nos dijo que fue a un par de encuentros.
Mientras seguíamos restando kilómetros hacia Bahía, ya había oscurecido y yo ya estaba pensando en dónde podíamos pasar la noche; mientras tanto Nicolás nos hablaba de San Cayetano y del balneario que allí se encuentra. Ya en la rotonda de Chaves nos preguntó si queríamos ir a hacer noche para el lado de San Cayetano, asi de paso conocíamos el balneario antes mencionado; nosotros nos mandamos. Eran unos cuántos kilómetros hasta allá (creo que más de 50) derecho por la ruta 75, una ruta medio baqueteada y muuuuuuy oscura, yo tenía la impresión de que esa noche armabamos la carpa en Silent Hill.
Después de un rato largo de no ver luces en el horizonte llegamos a San Cayetano, Nicolás se copó y habló con el dueño de una YPF que hay ahí para ver si nos dejaba tirar la carpa, no hubo drama asi que armamos la carpa en un mini bosque de pinos que había ahí.

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Camino a Azul.

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Mapita que nos hizo el camionero.

SEGUNDO DÍA

La mañana de nuestro segundo día de viaje la arranqué con todas las pilas, doblé rápido la bolsa, el aislante y salté fuera de la carpa para preparar un café, busqué el agua y prendí el calentador, éste se quedó sin gas antes de que el agua siquiera se entibie, asi que saqué la garrafita de repuesto que llevé, pero al desarmar el calentador me di cuenta de que la pieza de goma que evita que el gas se escape ya estaba rota, para colmo el repuesto de esta ya no se consigue porque el calentador que llevé es uno noventoso que ya quedó obsoleto (es de esos que tenés que perforar la garrafa). Manija de tomar algo caliente, fui a buscar agua a la estación de servicio, preparé el café, le puse sal, tomé un sorbo, me di cuenta de que le había puesto sal en lugar de azúcar y terminé desayunando galletitas solas =S.
A eso de las 09:00hs fuimos a hacer dedo para ir al balneario, el día estaba hermoso. Después de media hora de espera frena una camioneta roja, el conductor nos dijo que nos tiraba hasta la "bajada" (camino de tierra de 22km que tenés que seguir para llegar al balneario), asi que nos trepamos en la caja y arrancamos. Una vez en la bajada nos despedimos y nos pusimos a hacer dedo de nuevo. A los diez minutos para un auto que nos llevaba derecho a la playa. El conductor se llamaba Augusto, cuando llegamos nos dio un mini tour por el lugar y después nos dejó en el camping (del cual no me acuerdo el nombre), la cuestión es que era barato, 40 pesos. Lo que me gusta de éste tipo de lugares es esa característica bien "pueblo" de que se conocen todos, el chico del camping nos preguntó quién nos trajo, le dijimos que un camionero que se llama Nicolás, al toque nos dijo: "¡Aaah! Sí, lo conozco, yo manejaba ese mismo camión", algo parecido pasó cuando le comentamos del señor de la camioneta roja.
A la tardecita fuimos a caminar por la playa, la verdad me gustó mucho el lugar, es bien tranquilo, el hecho de que tengas que hacer 22km de tierra ya te dice que no está saturado de gente. Si sos amante de la joda loca, no creo que sea el lugar que buscás, pero si vas por lo tranca, puede que te guste.
Después de pasear por ahí y trepar un rato por los médanos, volvimos al camping, al toque junté algo de leña y me puse a hacer fuego para cocinar unos fideos. Mientras se cocinaba la comida, divisé unos metros más allá un tronco grandote, me pareció que sería un muy buen banco para comer sentados, asi que fui, lo arrastré hasta al lado de la carpa y me senté contento en el asiento que acababa de conseguir, hasta que a los diez segundos escucho una voz que me dice: "Flaco! Tomá, cuando se van me las pasás" y me pasó dos sillas plásticas blancas. Era un señor que se notaba estaba super establecido en el camping con su casa rodante hace un varias semanas, supongo que me vió luchando con el tronco y le di un poco de pena, jaja, o quizás sólo fue buena onda.

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En la caja de la camioneta roja, con rumbo a "la bajada".


Videito en la camioneta.

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En San Cayetano.

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Pateando.


TERCER DÍA

Antes de seguir viaje fuimos a pedirle indicaciones al pibe del camping para retomar la Ruta 3, y también a comprarle dos panes para hacer sanguches con unas milas de soja que nos habían quedado, el chabón nos trajo cuatro panes pero nos los regaló, re buena onda.
Después de desayu-almorzar los sanguches, fuimos a hacer dedo para volver a la ruta. Luego de esperar 20 minutos para una camioneta, nos tiraban hasta Orense, tiramos las mochis atrás y subimos adelante. En la camioneta iban un pibe de 19 años quizás, y su hermanito de unos 11, eran de Tigre, pero estaban veraneando ahí desde diciembre, tenían un casa en el lugar. Ya en Orense nos bajamos y nos pusimos a hacer dedo en una garita, estábamos en la 72, ruta por la que (al menos a esa hora) no pasaba nadie. A los 40 minutos para un auto, era una chica que nos tiraba hasta el cruce con la 73, genial. La chica que nos llevó nos contó que anduvo de mochilera cuando era más joven, no recuerdo bien si era fiscal o forense, sé que le dijimos que eramos de José C. Paz y nos dijo: "Sí, yo estuve ahí" (habían matado no sé a quién y tuvo que ir).
Ya en el cruce, arrancamos de nuevo con los pulgares arriba, no había ni una sola sombra donde refugiarse y el sol estaba que mataba. Yo me puse una camperita para no quemarme la espalda, por supuesto a cambio de cagarme de calor, sólo cuando no pasaban autos me ponía la capucha para protegerme la nuca y la cabeza, siempre flashé que si andás encapuchado hay menos probabilidades de que te lleven, jaja. A los pocos minutos paró una camioneta, era una pareja mayor que dijo que nos podían llevar hasta Tres Arroyos. Eran gente copada, él nos contó que era ingeniero agropecuario, mientras nos daba un tour por el centro de Tres Arroyos antes de dejarnos en la ruta 3. Por alguna razón en la ruta 3 ya me sentía de nuevo como jugando de visitante. Hicimos dedo unos 5 minutos hasta que para un camión que venía de Mardel, nuestro cartel decía "Cnel. Dorrego", el camionero dijo que nos podía llevar hasta allá. Después de charlar un rato, nos dijo que iba hasta el centro de Bahía Blanca. Yo por querer seguir derecho por la ruta 3, para evitar tener que tomar un colectivo desde el centro hasta El Cholo (lo cual involucraba comprar la tarjeta del colectivo y cargarla); flashé que era una buena idea bajar en la rotonda en donde él se desviaba, a unos metros del playón de camiones, error garrafal. Ese lugar no me gustaba para nada, es muy "sovietico" diría yo XD, gris, medio deprimente. Hicimos dedo un rato, en eso me llama una chica que trabajaba en una parrilla que hay ahí, me dijo: "No se manden caminando para aquel lado porque es peligroso" (señalando hacia donde íbamos), yo le dije que nos íbamos a quedar haciendo dedo ahí y se fue.
Ya había pasado una hora, ya era de noche y los únicos autos que pararon no llegaban hasta la Rodovía, asi que decidimos hacer dedo para ir hacia el centro, hacia donde había doblado el camión que nos trajo. No era un muy buen lugar porque los autos venían rapidísimo. Como a 100mts había un cartel de los que te dicen que a tantos kilómetros está tal lugar, yo fui a leerlo para ver cuán lejos estábamos del centro, mientras Celeste hacia dedo. Prácticamente ni me alejé que veo que le para un auto, volví rápido, pero sin correr porque no quería espantarlo, le dijimos que íbamos al centro, él conductor nos dijo que iba para allá, asi que subimos. Apenas arrancamos, el tipo nos pregunta a qué íbamos al centro, le contamos que en realidad íbamos a la Rodovía, ahí nomás nos dijo "Los llevo hasta allá", pegó media vuelta con el auto y agarró la ruta 3. El conductor nos dijo: "Paré porque tengo una hija de 16 años". Nos contó que era policia, específicamente que era del grupo Halcón. Nos dijo que de pibe también mochileó por el país. Cuando llegamos, nos despedimos, pero no sin antes agradecerle por el gesto.
Ya estábamos en la Rodovía, generalmente cuando vas desde Baires al sur creo que es a partir de acá que te empezás a cruzar con otros mochileros. Mientras estábamos sentados en el cordón se nos acerca un pibe de aproximadamente unos 18 años que volvía de Bariloche a su casa en Mardel, viajaba con su mamá y su hermanita de 5 años, y nos contó que era como la séptima vez que hacían ese viaje a dedo. Al rato se nos acercan dos chicas belgas (que por cierto hablaban muy bien en español), y nos contaron que habían estado viajando por Chile, el sur argentino y que iban a Baires, después de ahí querían ir hacia Uruguay y después a Brasil. Las chicas ya habían hablado con un camionero que a las 06:00hs arrancaba derecho a Bs As, de todas maneras ellas seguían tanteando a ver si podían conseguir quien las lleve esa misma noche, incluso fueron a hacer dedo un rato, al final hablando las convencimos de que armen la carpa con nosotros asi arrancaban a la mañana. Fuimos tirar la carpa en el "bosquecito" que está a unas dos cuadras de la Rodovía, en donde también paran los camioneros, ahí también estaba acampando éste chico que viajaba con la madre y la hermanita.

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Celeste en la Rodovía.

CUARTO DÍA

El cuarto día de viaje me levanté y fui a checkear al costado de un puesto de sandías, había bocha que al tipo no le sirven para vender, pero que están a punto, de hecho nunca comí una sandía tan dulce como la que agarré, aparte estaban fresquitas porque esa noche hacía frío, ¡desayuno gratis! Me hubiese gustado que me saquen una foto comiendo sandía con el cortaplumas en la Rodovía. En fin, después de desayunar fuimos a hacer dedo con cartelito a Médanos, estuvimos como media hora, hasta que un camionero nos toca bocina desde el otro lado de la ruta (al lado de El Cholo), cruce corriendo y me dijo que nos llevaba. Nos preguntó a dónde íbamos, le dijimos que a Neuquén asi que se ofreció a dejarnos en Río Colorado, después él agarraba para el lado de San Antonio Oeste, incluso nos dijo que si queríamos seguir hacia el sur con él no había drama, de todas maneras nosotros seguiríamos por la 22. Una vez en Río Colorado nos despedimos, ya era cerca del mediodía y pintó el hambre, asi que paramos un rato en la sombra a comer algo. Después de almorzar fuimos a hacer dedo nuevamente, en el cielo no había ni una nube, el sol te derretía el cerebro y teníamos la queridísima recta de Choele esperándonos. Afortunadamente sólo estuvimos literalmente 5 minutos hasta que frena una pareja con su bebé en un auto, pero venían de la mano opuesta, resultó que ya habían pasado, pero volvieron para levantarnos, la señora nos dijo: "Nosotros somos cristianos y creemos en ayudar al prójimo", sin dudas nos estaban ayudando, la posta es que el sol estaba tan fuerte que no planeábamos hacer dedo por más de diez minutos, habíamos pasado más tiempo poniéndonos protector solar que esperando en la banquina hasta que la familia nos levantó. Cuando llegamos nos dejaron en la YPF mano a Río colorado, ahí cargamos agua rápido y seguimos. Estábamos caminando pegaditos al cordón de la calle que corre paralela a la ruta, íbamos a la otra YPF (mano hacia Neuquén, que está como 300mts más adelante), estábamos cruzando una placita que hay ahí la cual estaba llena de aspersores funcionando, en una de esas me distraigo y uno me "eyacula" la cara como un campeón, nos reímos un rato y fuimos a acomodarnos en la otra YPF para hacer dedo. Pese a que supe de mochileros que quedaron atascados hasta dos días en Choele, siempre me mantuve optimista (el año pasado tuvimos la suerte de tardar sólo una hora en salir de ahí). Afortunadamente a la media hora frena un camión que nos llevaba hasta Cipolletti, lo que siempre recordaré de éste vehículo son las cumbias de la vieja escuela que sonaron todo el viaje (Karicia, Amar Azul, entre otras). Ya en Cipolletti tomamos un colectivo hasta Neuquén capital, de ahí había que tomar otro hasta Senillosa (lugar donde termina ese tramo de autovía y ya se puede hacer dedo).Tuvimos que comprar una tarjeta para viajar en el segundo colectivo. Como ya se estaba haciendo de noche decidimos hacer algo para nada aventurero y mandarnos por lo seguro, tomar el bondi hasta Plottier y tirar la carpa en el patio de la terminal como habíamos hecho el año pasado; en lugar de ir hasta Senillosa y ver qué improvisábamos ahí.

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No saqué fotos el cuarto día, así que pongo una foto de la tarjeta, jaja.

QUINTO DÍA

Arrancamos a las 07:00, tomamos el bondi hasta el último semáforo de Senillosa, el cual antes de llegar se desvía y se mete por un barrio y tarda como media hora en volver a la ruta, aún sospecho que si te bajas antes que se desvie llegás más rápido pateando por la ruta que con el colectivo, aunque no estoy seguro de la distancia que hay que caminar (si alguien sabe me gustaría que pase la data por si alguna vez me toca hacer ese recorrido de nuevo). Ya en el último semáforo y nuevamente sobre la 22, volvimos a levantar los pulgares con cartelito a El Chocón, a la media hora frena un pibe en un auto negro que nos llevaba hasta allá, sin dudar nos subimos. Hablando un rato con el loco, nos comentó que iba hasta Villa la Angostura, dijo que si queríamos nos dejaba allá, pero le dijimos que hasta Collon Curá nos iba de diez, porque queríamos ir hasta SM de Los Andes para empezar a "bajar": SMA, Villa la Angostura, Bariloche, El Bolsón, etc. y pegarle hasta Ushuaia; al menos esa era la dirección que creíamos que tomaríamos en ese momento, parece que la ruta tenía otros planes.
El pibe que nos llevó se llamaba Cristian, traía el auto lleno de instrumentos musicales que él mismo fabricaba, entre ellos un didjeridú, recuerdo que luego de una breve parada para tomar mate, le dije: "Este intrumento debe sonar re sarpado", a lo que respondió: "No me avivé, sino tocábamos recién cuando frenamos", esa es la historia de como casi toqué un didjeridú.
Cuando llegamos a Collón cura, nos despedimos y volvimos a la banquina con cartel a Junín de los Andes, en ese lugar estuvimos más de una hora, pese a que era temprano yo flashaba que ibamos a tener que pasar la noche ahí, unos metros hacia abajo, cerca de donde estábamos haciendo dedo, había visto vestigios de que un mochilero había hecho noche ahí; en contraste al año pasado, ahora me hubiese agradado pasar la noche ahí, es un lindo lugar para ver las estrellas.
Mientras esperábamos nos atacó el hambre, y lo único que teníamos para comer que no necesite cocción eran pasas de uva. Mientras comíamos de la bolsita, vemos que pasa una camioneta y frena a 50 metros nuestro, fui trotando y le pregunté al conductor si había parado por nosotros, a lo que respondió que no, dijo que había parado a checkear las ruedas, yo me reí y le dije: "Aaah! no hay drama, hasta luego!", apenas me doy vuelta me pregunta hasta dónde vamos, le dije que a Junin, es entonces que me dice: "Si se animan a viajar atrás los llevo".
Cuando llegamos a Junín hicimos dedo menos de 10 minutos hasta que frenó un auto rojo que nos dejaba en el centro de SM de los Andes, el conductor era un señor de unos 50 y pico, no puedo recordar su nombre, pero sí que era pediatra. En el viaje nos contó que tenía una hija que estaba mochileando hace ya algún tiempo por Sudamérica.
Una vez en el centro de SM de los Andes, fuimos a chusmear en una feria americana que había visto unas cuadras atrás, para comprar un buzito, por las dudas. Como no me acordaba bien donde era, ya que con el auto doblamos un par de veces y no venía prestando atención, tuvimos que pedir indicaciones, aun así perdimos ¡una hora!, sí, una hora tratando de encontrar el local, el 80% de la gente a la que le preguntamos no era del lugar, y el otro 20% que sí vivía ahí no tenía idea de nada; asi que seguimos caminando hacia donde me pareció que había que caminar, finalmente pedí indicaciones una vez más, al fin alguien que sí sabía, aunque resultó que ya estabamos en frente ¬¬. Entramos para darnos cuenta de que los pantalones te costaban $150 y los $200, menos mal que era ropa de segunda mano.
Después de haber perdido tiempo al pedo, caminamos como quince cuadras para ir a hacer dedo. Planeábamos ir a Lago Villarino y pasar unos días ahí. Ya estaba oscureciendo, había mucho viento y hacia frío, frío como un invierno poderoso de Buenos Aires. La nariz me chorreaba y lo único que tenía era un pedazo de papel higiénico que ya se estaba deshaciendo, para colmo estábamos al lado del lago, y lógicamente ahí hace más frío. Habremos estado más de media hora ahí con cartelito y todo, una familia paró delante nuestro con una camioneta, habían frenado para sacarse fotos en el lago. La camioneta quedó de tal manera que estábamos obligados a pararnos casi en el medio de la ruta para hacer dedo, porque sino los autos que pasaran no nos iban a ver. Yo por dentro pensaba: "Viejo, qué mala suerte", en eso la familia que ya había subido a la camioneta nos toca bocina: "Nosotros vamos a Villa la Angostura. Lago Villarino está acá de camino, ¿no? Suban!". Eran una familia numerosa, eran al menos cuatro hijos, si mal no recuerdo. Está bueno cuando te levanta gente que viaja con niños, una acción que muchos tildarían de irresponsable, mientras que nosotros simplemente la vemos como un gesto de bondad que merece la pena incluir en un relato de éste tipo.
Cuando llegamos a Lago Villarino el paisaje estaba super gris, nos habían dicho que llovió muchísimo en los últimos días. Caminamos mientras esquivabámos algunos charcos a la vez que empezaba una pequeña llovizna, armamos la carpa entre los árboles para después ir a buscar algo de leña para cocinar. Ya era de noche y obviamente no se veía nada de nada, por algún motivo Leste dejó su linterna en la carpa, asi que yo caminaba adelante alumbrando con la mía. En un momento dado, sin darme cuenta me adelanté de más y en eso escucho que alguien se patina, se cae y un "¡La ***** de tu madre, Juan!". Celeste se había resbalado en mierda de vaca y se "enmierdó" las zapatillas y todo el pantalón.
Después del momento semi caricaturesco, juntamos leña y volvimos para cocinar, pero al final el sueño nos ganó y nos fuimos a dormir, aparte ya estaba lloviznando mucho, esa noche nuestra única comida fue una lata de jardinera. El agua se escuchaba sobre nuestra carpa de mala calidad, mientras le poniamos aceite y sal a la conserva. Buenas noches.

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En Collón Curá.



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Mochis.

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Camino a Junín de los Andes.

SEXTO DÍA

Esa mañana no sé cómo, pero logré hacer fuego con leña húmeda y sin alcohol (el cual colgamos en llevar) para desayunar una avena calentita. Éste día lloviznó todo el tiempo, en un momento dado cazamos las mochilas y fuimos a la ruta, en un intento por volver al centro de San Martín, para comprar un par de víveres y nylon para usar como "sobre-sobre" techo, porque era obvio que la carpa no se iba a bancar una lluvia de verdad; al final hicimos dedo 15 minutos sin éxito y terminamos volviendo porque lloviznaba mucho, y no daba mojarse al pedo.
Cerca de las seis de la tarde intentamos hacer fuego para cocinar, pero esta vez no hubo suerte, fue demasiado con haber logrado que prenda a la mañana, qué frustración.
Después del fiasco del fuego decidimos irnos a dormir, hacía un frío de cagarse, a esta altura decidimos que no era una buena idea ir para el lado de Ushuaia, ya que no teníamos abrigo suficiente, y la bolsa de dormir de Leste no se bancaba nada, incluso una noche tuvimos que compartir la mía. La idea de cruzar a Chile y "subir" por la Ruta 5 empezó girar en nuestras cabezas.
Estaba por entrar en la carpa para irme a dormir, cuando se me acerca un tipo barbudo y nos invita a tomar unos mates al lado del fogón. Al rato fuimos a donde estaban él y otro chico tomando mate. Nunca me vino tan bien tomar mate, como ya les dije en el párrafo anterior: hacia un frío de cagarse. No recuerdo el nombre del barba, pero me acuerdo que nos contó que era profesor, yo le dije que esa barba decía "profesor de historia", pero riéndose me dijo que era de informática. El otro chico era español, si mal no recuerdo vive en Nueva Zelanda, éste nos contó que viajó acá y se compró una motito para recorrer algunos países de Sudamérica, pero cometió el error de comprar la moto en Argentina. Al ser extranjero no le dejaban sacar el vehículo del país, si la hubiese comprado en Chile o en Brasil estaba todo bien, pero tuvo la mala suerte de hacerlo acá.
Al rato cayeron otros dos pibes, eran una pareja chilena, nos preguntaron si alguna vez probamos la harina tostada, jamás la habíamos escuchado nombrar siquiera, nos prepararon un poco en una taza. La harina de trigo es un producto tradicional chileno, son granos de trigo tostado molidos, se usa para preparar comidas, se puede tomar tipo chocolatada, o se puede hace una pasta con azúcar y agua caliente; esta última fue la manera en que los chicos la prepararon, era riquísma.
Al rato preguntamos si podíamos cocinarnos unos fideos en su fogón, nos dijeron que no había drama, que cocináramos. Jamás en mi vida comí unos fideos con tuco tan ricos, nunca en la historia de la humanidad una salsa de lata estuvo tan rica; esto lo atribuyo al hecho de que ambos estábamos cagados de hambre.
Después de comer y recolectar un poco de información para cruzar a Chile, nos fuimos a dormir.

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Lago Villarino.

SÉPTIMO DÍA

Después de levantarnos, guardamos todo, por fin había dejado de llover (sin embargo seguía haciendo mucho frío). Le dejamos una notita pegada en la moto a Martín (el chico español) despidiéndonos y dejando una dirección de mail para que nos mande una foto que nos había sacado en el fogón la noche anterior.
Fuimos a la ruta a hacer dedo, ahí nos encontramos con los otros dos chicos y el barba que estaban haciendo dedo, al mismo tiempo que esperaban que se haga la hora en que pasa el colectivo. Los saludamos y nos pusimos unos metros más atrás para hacer dedo.
La noche anterior la pareja nos dijo que si queríamos cruzar a Chile, el paso Hua Hum estaba bueno, que una vez del lado chileno seguías a dedo hasta Puerto Pirihuico y de ahí tomabas una barcaza derecho hasta Puerto Fuy, y que en todo el camino había unas vistas muy bonitas. Ahora lo que restaba era averiguar si Celeste, con 19 años, podía salir del país.
Después de hacer dedo durante media hora más o menos, para una señora en un auto negro que nos llevó hasta el centro de SMA. Una vez ahí fuimos a informes al turista para ver los horarios de la barcaza y preguntar por lo del tema de la edad para salir del país. Nos dieron los horarios y precios de la barcaza, pero no nos supieron contestar lo del tema de la edad. Honestamente no recuerdo quién nos sugirió la idea de preguntar en Gendarmeria, pero eso fue lo que fuimos a hacer. Celeste entró a preguntar y al rato salió con cara de feliz cumpleaños, asi que ya estábamos encaminados, jaja; al final resultó que con 18 y DNI podés entrar y salir a gusto.
Decidimos ir a hacer noche en el camping El Molino, ya que necesitábamos ducharnos y cocinar algo de comida de verdad, no hubo oportunidad en el Villarino, tanto como de darse un baño hippie en el lago (en el buen sentido), como de cocinar algo realmente nutritivo.
Esa noche amasamos unas milanesas de soja acompañadas de una ensalada de arroz con lentejas y a esto le agregamos cebolla, tomate y lechuga que recuperamos de una verdulería. Siempre estoy dando detalles acerca de lo que comiamos, casi como si esto se tratase de un foro gourmet, jaja, lo cierto es que todas esas comidas que se preparan mientras viajás se disfrutan como ninguna otra (al menos en mi caso), por ende siento que merece la pena reparar en ello.

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Los chicos del fogón.

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Esperando que nos levanten para volver a SMA.

OCTAVO DÍA

Ese día arrancámos alrededor de las 14:00 y fuimos a comprar el nylon que hacía falta, alguna que otra cosa para comer, y nos pusimos a hacer dedo hacia el centro nuevamente. Teníamos que ir al cyber a contactarnos con un pariente de Celeste, que supuestamente nos iba a recibir en Santiago de Chile, si es que llegábamos por esos lados. Éste nos dijo que fueramos, que no había drama, (por algún motivo no le pedimos la dirección de la casa en ese mismo momento). Ahora lo único que restaba era conseguir pesos chilenos, lo cual era bastante complicado, dado que necesitás autorización de la AFIP y lidiar con un montón de cuestiones burocráticas al pedo que te joden la existencia. Afortunadamente la chica que nos levantó ese día nos habló de una alternativa para cambiar.
Para cuando terminamos de hacer todo eso ya se habían hecho como las 17:30, ahora teníamos que caminar hasta la Ruta 48 para hacer dedo hacia el Paso Hua Hum. Una vez en esa ruta, empezamos a hacer dedo, lamentablemente estuvimos una hora sin tener éxito, para colmo ya empezaba a oscurecer, ahí decidimos hacer dedo para volver al camping. Ya era de noche, pero a esa hora había muchísmo tránsito. Nuestro cartelito decía "El Molino - Camping". No pasó mucho tiempo hasta que paró una camioneta blanca, de la cual bajó el acompañante y nos dijo "¿Van al camping? Los llevamos". Acomodamos las mochis en el poco espacio que quedaba en la caja, la cual llevaba un par de castillos inflables, y subimos en la cabina. Los chicos se llamaban Alejandro y Orlando, eran re macanudos. Después de hablar un rato, Alejandro nos dijo que si queríamos ahorrar unos pesos, nos podía dejar tirar la carpa en el jardín de la casa, que él estaba a unas cuadras de la ruta, cerca del camping; lo cual aceptamos. Una vez en la casa, le ayudamos a bajar los inflables de la camioneta, y después nos dijo que armemos la carpa tranquilos, mientras ellos iban a retirar un par de castillos más que les faltaban (a esta altura ya se habrán dado cuenta a qué se dedicaba).
Después de que terminamos de armar la carpa, Alejandro volvió y nos invitó a tomar unos mates con tortafritas que se puso amasar en el momento, al ratito volvió Orlando. Después de los mates y las tortas, tomamos unas cervezas y después de eso comimos ñoquis, mentira que fueron buenos anfitriones, jajaja. Me pone muy contento viajar así y tener la suerte de conocer gente tan buena onda, más allá del mate y la comida, detrás de eso hay un gesto, ese gesto del que siempre uno se va a acordar. Espero que los chicos puedan leer el relato, y sepan lo agradecidos que estamos por toda la buena onda que nos prestaron en el poquito tiempo que estuvimos con ellos.

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Con nuestro anfitrión.

NOVENO DÍA

Nos levantamos tempranito y guardamos las cosas, como Alejandro seguía durmiendo, le dejamos un papelito pegado en la puerta agradeciéndole por todo, y nos fuimos a la ruta a hacer dedo. Ahí estuvimos como una hora, todo por no tomar el colectivo, jaja. Como no pasaba nada aproveché para ir a la estación de servicio a cargar agua, cuando estoy volviendo veo que a Celeste le había parado un auto (sospecho que lo mio fue una suerte de estrategia inconsciente) el cual lo manejaba un pibe de 20 y monedas que iba al centro de SMA, nosotros le dijimos que ibamos para al Paso Hua Hum, el pibe se re copó y se desvió para dejarnos en un punto en el que los autos que pasan van seguro para ese lado. El lugar en el que estuvimos haciendo dedo la noche anterior era muy malo porque la mayoría de los autos doblaba, encima después nos enteramos de que el paso cierra a las 20:00hs. Cuando nos bajamos el pibe nos dijo que a las 15:00 pasaba un tío suyo por ese lugar, que le iba a avisar para que nos levante, en caso de que no tuvieramos suerte. Una vez que nos despedimos, arrancamos a hacer dedo, estuvimos cerca de dos horas hasta que finalmente paró una camioneta con patente chilena (nunca sabré si se trataba del tío del chico), la misma nos llevó los 40 kilómetros de camino de tierra hasta la aduana del lado argentino, obviamente nos dejó unos metros antes. En la puerta de la aduanda nos colgamos un rato leyendo un cartel que decía qué tipo de productos no podés cruzar a Chile (carne cruda, frutas, semillas, etc.), en eso se nos acerca un gendarme para abrirnos la puerta. Una vez adentro fuimos a hacer todo el papeleo, al rato viene el mismo gendarme y nos dice "¿Ustedes se olvidaron esa mochila afuera, chicos?", yo me reí como anticipando lo que vendría. Celeste fue a buscar la mochila mientras el milico le decía con carpa: "Flaca, no traen nada raro, ¿no?". Obviamente me hicieron sacar tooooooooodo de adentro de la mochila, tremendo bajón, ya suficiente era con que la mina te pregunte cosas para ver si te ponés nervioso, y yo lo estaba, pero no porque anduviera en algo raro, sino que a la mina lo único que le faltaba era sacar un globo de cumpleaños y decirme: "Voy a reventar éste globo al lado de tu cara, pero no voy a decirte cuando, quizás lo haga, quizás no" (esto del globo pasaba en la sitcom "The IT Crowd", jaja).
Luego del interrogatorio, tardamos como media hora en volver a acomodar todo en la mochila, y empezamos a caminar hacia la Aduana del lado chileno, recuerdo que yo pensaba: "Si fue así acá, no me imagino lo que va a ser allá". No llegamos a caminar 100 metros que nos levanta una camioneta en la que viajaba una familia chilena que nos llevaba hasta la otra aduana. Una vez ahí, más papeleo y más preguntas. La chica que nos preguntaba se sarpaba en amorosa, no podía ser más amable, nosotros le dijimos que teníamos tal y tal cosa, que le mostrábamos todo si quería, a lo que respondió "No hace falta, les creo chicos". Sólo tuvimos que dejar algunas semillas y un paquete de lentejas que ya estaba abierto.
Una vez del otro lado, caminamos unos 300 metros, la familia nos había dicho que los esperáramos, que nos llevaban hasta el puerto. La primera vez nos habíamos subido en la caja, la segunda viajamos en la cabina, ahí pudimos hablar, nos contaron que el día anterior nos habían visto en el cyber, dijeron que nos reconocieron enseguida por el pelo de Celeste. Nos contaron que eran de Viña del Mar, que habían estado paseando por Neuquén.
Una vez en Puerto Pirihuico tuvimos que esperar cerca de una hora a que llegara la barcaza, como dejamos las mochilas en la camioneta no tuvimos que pagar boleto, sólo se paga por el vehículo, independientemente de la cantidad de gente que lleve adentro.
El puerto es un lugar muy bonito del que siempre me voy acordar, esa tarde el clima acompañó muy bien el paisaje (abajo les dejo una foto). El viaje en la barcaza es tan genial como la vista, lo único malo fue que a la mitad del viaje ya había oscurecido, pero fue una experiencia muy linda. En un momento la barcaza se encontró con una lancha que se había quedado barada en el lago, en medio de la nada. La gente de la barcaza se acercó para decirles que ya avisaron que estaban ahí.
Cuando estábamos por llegar a Puerto Fuy, fui a hablar con un mochilero, le pregunté si había algún lugar en dónde tirar la carpa, me dijo que había, pero que tenías que hacerlo "con carpa" nomás, porque no se puede acampar en la playa.
Una vez en tierra firme nos despedimos de la familia que nos llevó antes, la señora nos anotó su dirección por si queríamos ir a Viña y nos saludó con un beso y un abrazo, la más amorosa; su marido me dijo: "¿Te llamás Juan? Ahora va a ser el Chonny", jajaja. Chonny y Leste siguieron su travesía.
Después de estar sentados un rato, aparecieron unas chicas que iban a hacer noche ahí. Armamos la carpa cerca de ellas, ¡qué lindo se siente cuando estás super cansado y armas la carpita para dormir!
Cuando ya estábamos adentro de las bolsas, se acercó una de las chicas y nos dijo: "Chiquillos, si quieren pueden venir con nosotros", creo que no pasó más de un minuto desde que dijo eso hasta que me quedé dormido.

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Camino al paso Hua Hum.

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Ya del lado chileno.

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Puerto Pirihuico.

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En el agua, camino a Puerto Fuy.

DÉCIMO DÍA

Arrancamos a las 09:00, no quería quedarme mucho en ese lugar porque se suponía que no se podía acampar ahí. Le pedí indicaciones a un pibe, necesitábamos llegar a la Ruta 5. Una vez informados, caminamos unos 300 metros y nos pusimos a hacer dedo con cartelito a Neltume, estábamos en un camino de tierra por el que prácticamente no pasaba nadie. Como a la hora frena una pareja en una camioneta, iban para allá. Una vez en Neltume, bajamos y caminamos unos metros, nos encontramos con dos chicas que estaban haciendo dedo, asi que nos fuimos unos metros más adelante. Después de esperar un rato vemos que a las chicas las levanta una camioneta. Cuando pasó por al lado nuestro frenó y nos tocó bocina, sin preguntar nada subimos a la caja junto a las chicas, dimos por hecho que el conductor vió nuestro cartelito que decía "Panguipulli". Éste viaje fue doblemente incómodo porque el único lugar libre en la caja era atrás de todo, pegado a la (¿)puerta(?), asi que todo el viaje nos dió el viento en la cara y medio que nos cagamos de frío; por otro lado fue incómodo porque las chicas eran medio mala onda y no hablaban. En un momento la camioneta (la cual iba rapidísimo) agarró una especie de lomo de burro y casi volamos, fuera de joda, nos pudimos haber caído.
Después de unos 45 minutos de viaje llegamos, creo que las pibas se fueron sin saludar, jaja, cero onda. Como necesitábamos cargar agua e ir al baño, fuimos a buscar una estación de servicio, al rato encontramos una Copec y nos dimos cuenta de que en Chile las estaciones de servicio (o "bombas", como les llaman ahí) no tienen baños, ni canillas para sacar agua, las únicas que si tienen baño son las que están en la ruta en el medio de la nada. Preguntando a un par de personas, averiguamos que en la municipalidad hay un baño que se podía usar, asi que fuimos ahí a cargar agua, lo cual fue complicado, porque la botella no entraba en la bachita y tuve que doblarla toda para poder cargar menos de la mitad. Después de esto y de comprar una bolsita de harina tostada, fuimos a hacer dedo con cartelito a Lanco. A la media hora para una camioneta blanca en la que iban dos señores y un niño, nos dijeron que nos dejaban a unos 20 kilómetros de Lanco, asi que agarramos viaje. Cuando llegamos hicimos dedo menos de 3 minutos y para otra camioneta, que nos llevaba a donde íbamos, yo amagué a subir a la caja, pero el conductor nos dijo que nos íbamos a manchar todos porque estaba llena de aceite, asi que subimos en la cabina. Yo me senté en el asiento de atrás, en un momento se metió una tremenda avispa y para colmo los vidrios no se podían bajar porque el "sistemita" estaba roto. Fue una secuencia graciosa tener que hablar a la vez que estaba pendiente del bicho.
Llegamos rápido, ¡finalmente estábamos en la Ruta 5!, nos despedimos y fuimos a hacer dedo, el sol estaba que te derretía el cerebro, y para colmo teníamos hambre. Compramos dos paquetitos de papas fritas cuyo contenido entraba en una muela. No quiero sacar cuentas, pero se me hace que nos costaron como cuatro mangos cada uno, el cambio no nos favorece para nada.
Luego de estar haciendo dedo durante 40 minutos con cartelito a Temuco, frena una camionetita blanca que iba derecho ahí, el conductor se llamaba Patricio, era un tipo macanudo, hablamos mucho.
Lo que me pareció loco de esta ruta fue ver decenas de mochileros en la banquina. También el hecho de que los vehículos vuelan y es como hacer dedo en la Panamericana, la única diferencia es que acá sí se puede frenar.
Cuando llegamos a Temuco nos despedimos y seguimos con lo nuestro, si digo qué hora era, estaría mintiendo, no tengo ni idea. Hicimos dedo un rato con cartelito a Los Angeles, hasta que frenó una camioneta (y todo esto porque yo había ido a hacer pis y Celeste quedó sola), nos dejaban en Victoria. En la camioneta viajaban un señor y pibe de veintipico. Fue gracioso que en un momento se hayan desviado en una calle de tierra en el medio de la nada y que el señor nos haya aclarado: "No se preocupen, solamente doblamos para esquivar unos de los peajes". Luego de retomar la 5, no pasó mucho hasta que llegamos. Ahí hicimos dedo unos minutos hasta que freno un pibe en una camioneta, nos llevaba pasando el viaducto del Malleco. En todo el caminó vimos puestitos al costado de la ruta que vendían algo llamado "mote con huesillo", como me llamó la atención le pregunté al chico qué era, él mas o menos me explicó de qué se trataba, pero realmente sabría cómo era más adelante. Cuando llegamos hicimos dedo sin éxito durante media hora, después decidimos usar una estrategia que parecía tener resultado, la misma consistía en que Celeste se quedé haciendo dedo adelante y yo unos 100 metros más atrás, y bueno... como ya se sabe, las chicas siempre viajan más rápido que los hombres, a mucha gente le expresa más confianza una chica sola. Unos minutos después Celeste consigue que le frene un camión, yo empecé a caminar hacia ahí, fue entonces cuando el conductor se percató de que eramos dos, jaja, éste nos dijo que nos podía llevar adentro del semi, como ya no quedaba mucha luz decidimos aceptar el tramo. Fue una locura viajar ahí adentro porque no se podía ver hacia afuera, apenas entraba algo de luz a través de la lona, cuando se hizo de noche ya era completa oscuridad, tranquilamente nos pudieron haber llevado hacia el sur de Chile que no nos enterábamos. Leste no la pasó tan mal porque después de sacar un par de fotos se durmió con la cabeza apoyada en mis piernas, mientras que yo me tuve que quedar mirando a la nada durante una hora entera, lo único que me entretenía era recordar el capítulo de Los Simpsons en el que homero era camionero: "Muñecos de acción, alcachofas, inmigrantes ilegales... todo en orden"; también me consolaba el hecho de que tenía otra anécdota flashera para contar de mi paso por Chile. En un momento no aguanté más y desperté a Leste para cambiar de roles, ahora dormiría yo, cuando finalmente me acomodé y cerré los ojos, el camión frenó y el conductor nos dijo que si queríamos podíamos viajar adelante. No tenía idea de dónde estábamos, pero cuando subimos a la cabina el conductor nos invitó uvas y hablamos todo el camino, era re buena onda, nos dijo que más adelante íbamos a frenar y que nos invitaba a comer unos sanguches (en ese lugar TODO venía con carne), como no nos quedó otra le tuvimos que contar que no comíamos nada de origen animal, esto le llamó la atención, pero nos dijo que admiraba lo que hacíamos y nos compró un café a cada uno. Andrés (ese era su nombre) nos había dicho que iba hasta Santiago de Chile, pero que en el camino iba a parar a dormir en su casa (la cuál quedaba de camino), que si queríamos podíamos tirar las bolsas adentro del semi, que las 06:00 arrancábamos nuevamente, eso fue lo que hicimos.

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En Puerto Fuy, yendo a hacer dedo hacia Panguipulli.

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El salamín tirando facha adentro del camión.

DÉCIMO PRIMER DÍA

Nos despertamos un poco antes de las 06:00, al rato se apareció Andrés con agua caliente y una bolsa llena de frutas. Con el agua nos preparamos una harina tostada con azúcar, y acompañamos con algo de fruta. Todavía quedaban unos largos kilómetros hasta Santiago.
Andrés nos llevó hasta San Bernardo, esto es cerquita de Santiago (un viaje corto en bondi), ahí nos despedimos. Al toque fuimos a buscar un cyber para escribirle al primo de Celeste, el cyber costaba casi $8,00 argentinos los 15 minutos, si mal no recuerdo. Ese día estuvimos sentados en un plaza yendo cada 2 horas a ver si éste pibe respondía, para colmo no lo podíamos llamar porque él tenía el celular apagado. Estuvimos prácticamente todo el día ahí, aprovechamos para probar el mote con huesillo, el cual nos gustó mucho; después pintó el hambre asi que compramos unos panchos que encima llevaban tomate, palta, creo que cebolla; los pedimos sin la salchicha, suponíamos que nos iba a cobrar menos, pero nos estafó cobrándonos lo mismo, creo que eran como $10,00 argentinos.
Finalmente como a las seis de la tarde logramos comunicarnos, pero nos dijo que estaba de viaje, y que volvía en unos días; pobre pibe, recuerdo haberlo bardeado el resto del día, igual gran parte de la culpa fue nuestra.
Estábamos atrapados en ese lugar en el que no se podía hacer dedo y para colmo no teníamos donde parar. Decidimos volver a la ruta, para ver qué podiamos hacer, allí preguntamos qué bondi nos llevaba hasta Santiago. La idea era ir hasta la terminal y tomar un colectivo de larga distancia hasta algún lugar pasando Santiago en el que se pudiera hacer dedo. No recuerdo quién, pero me habían dicho que desde Los Andes se podía arrancar a dedo, asi que una vez en la terminal fuimos a sacar dos pasajes a los andes, cada uno costaba 2500 pesos chilenos. Fue gracioso que después de haber sacado los pasajes le haya preguntado a alguien: "¿Qué hay en Los Andes?". Yo sólo quería salir de Santiago, la verdad no me gusta estar a la deriva en una ciudad grande, me daba un poco de miedo.
Después de un viaje de una hora y monedas (creo) llegamos a Los Andes. Ahí teníamos que encontrar dónde pasar la noche, asi que fuimos a hablar con los carabineros (en realidad fue Celeste la que habló) a ver si nos dejaban tirar la carpa en su predio. Nos atendieron muy amablemente, y nos dijeron que vayamos a hablar con el sereno de un parque que está ahí cerca, el cual cierra a la noche; que seguro nos dejaba tirar la carpa. Eso hicimos, y una vez más hablo en plural, cuando en realidad fue Celeste la que habló con el sereno y salvó el día. El sereno era muy buena onda, nos dijo que podíamos quedarnos, pero solo hasta las 07:00am porque después venía su jefe.

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En el micro, esperando para ir a Los Andes.

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Contando monedas en Los Andes.

DÉCIMO SEGUNDO DÍA

Antes de las 07:00 ya estábamos arriba y yendo a hacer dedo. Caminamos mucho, y en el camino comimos mote con huesillo, helados de agua, uvas, y compramos 3kg de harina tostada para llevar a casa, jaja. Creo que habremos caminado como 2km, hasta un lugar para hacer dedo, en un momento nos topamos con una señora que vendía frutas en un puesto, la calle estaba re desierta. La señora nos vió y nos dijo: "¿Van viajando, chicos? Llévense unos duraznos para el camino. Agarren uno para cada uno... No, dos para cada uno... No, tres para cada uno". Nosotros le agradecimos, pero le dijimos que no podíamos aceptar, pero insistió tanto que agarramos los duraznos, los cuales eran gigantes. No recuerdo sus palabras exactas, pero nos deseo suerte y nos dijo que Dios nos iba a acompañar en el viaje. Siempre me voy a acordar de la señora, fue muy dulce con nosotros.
Al rato arrancamos con el dedo, hacia mucho calor, y como queríamos irnos rápido usamos la estategia de separarnos unos 50 metros. No llegué a frenar siquiera que a Leste ya le había frenado un señor en una camioneta blanca. Nos dejó unos 5km antes de Río Blanco. El señor bajó con nosotros y nos compró un agua saborizada Cachatún (todavía conservo la botella), le agradecimos por todo, y se fue. Estuvimos haciendo dedo unos 5 minutos, y en eso pasan dos mochileros, un chico y una chica, iban para el mismo lado que nosotros. Compartímos el agua y les contamos lo de la señora del puesto, y nos dijeron: "Sí, a nosotros también nos regaló duraznos". Al rato ellos siguieron caminando para hacer dedo más adelante.
Creo que estuvimos media hora hasta que frenaron dos señores en una camioneta que nos llevaba hasta la curva 10 de los caracoles. Una vez ahí, me percaté de que estábamos en los caracoles, lugar del que nos había hablado la señora que nos levantó en Cañuelas al principio del viaje (fue el primer vehiculo que nos llevó). Cuando salimos de casa ni me imaginaba que iba a estar en Chile, pero la ruta se las ingenió para llevarme ahí.
Como estaban arreglando la ruta, dejaban pasar vehículos de a tandas, y debido a esto se armaba una cola larguísima de autos y camiones, esto nos permitía hablar con los conductores. El primer conductor con el que hablamos fue un camionero, el cual nos dijo que nos podía llevar hasta la aduana chilena. Al rato ya estábamos haciendo el papeleo. No tardamos mucho, y al rato ya estábamos de nuevo en movimiento. Ahora nuestra preocupación eran las frutas, no queríamos que nos las quiten en la aduana argentina. Por suerte el camionero nos dijo que los camiones hacen el papeleo más adelante de donde nosotros lo teníamos que hacer, y que podía dejar la bolsa con las frutas pasando la aduana, para que la buscáramos al salir. Nos despedimos de él, y fuimos a hacer el papeleo. Yo pensé que nos iban a revisar hasta los oidos, pero no nos revisaron absolutamente NADA. Incluso después de pasar por la segunda ventanilla Celeste preguntó: "¿Y en dónde nos revisan?" a lo que le respondieron: "No, ya está. No creo que te entre un televisor LCD en la mochila".
Después de salir fuimos a buscar las frutas, el camionero las dejó en la sombrita, re copado. Caminamos un poco y volvimos a hacer dedo. Al rato frena un señor en un auto que nos llevaba hasta Mendoza capital. En el camino vimos que los mochileros que cruzamos antes estaban haciendo dedo, y los saludamos; el conductor frenó y los levanto también, jaja. Nos bajamos los cuatro en un lugar antes de Mendoza capital, del cual no recuerdo el nombre. Ya eran como las siete de la tarde y definitivamente en ese lugar no nos iba a levantar nadie. De hecho, el único vehículo que frenó fue un pibe en una moto, y nos dijo: "Acá no los va a levantar nadie, todos tienen miedo de que les roben". Yo aproveché para preguntarle: "¿Cómo llegamos a San Juan desde acá?" Seguido a esto vino una explicación de veinte minutos. Cuando el pobre pibe terminó de explicarnos le dije que me acaba de percatar de que le había dicho "San Juan" en vez de "San Luis". Después de la segunda ronda de indicaciones, decidimos que lo mejor iba ser tomar un colectivo para ir a dormir a la terminal de Mendoza capital. Una vez ahí comimos algo y al rato nos tiramos en una sillas para dormir.

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Mote con huesillo (la foto no vende, pero es riquísimo).

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Cada vez más de cerca de Argentina. Esta fue la última foto que saqué en el viaje.

DÉCIMO TERCER DÍA

Nos levantamos y fuimos a tomar un colectivo que nos dejaba en la terminal de San Martín, de ahí podíamos tomar otro que nos dejaba en un lugar copado para hacer dedo sobre la Ruta 7, los chicos viajaron con nosotros.
Ya estábamos en la 7, y cada vez más cerca de casa. Si mal no recuerdo, a los pibes los llevó un camión, nosotros estuvimos esperando como 2 horas hasta que finalmente paró un auto que nos llevó hasta Las Catitas. Cuando bajamos empezó a llover, asi que fuimos a ver si podíamos tomar un colectivo hasta La Paz, para seguir avanzando un poco. Nunca apareció el colectivo que esperábamos, pero por suerte había parado de llover (ya eran como las 5 de la tarde), fuimos a hacer dedo nuevamente, pero dejando de plan B hablar con alguien para que nos deje tirar la carpa en el patio, el lugar era un barrio tranquilo. Nos paramos en la ruta y al rato frena un coche, pero frena un poco antes de pasarnos. Fui a hablar con el conductor, porque no sabía si había frenado por nosotros. El conductor era un señor de unos sesenta años, yo lo noté como perdido, le pregunté si estaba bien, me respondió que que no sabía en donde estaba, evidentemente padecía de Alzheimer. Me contó que estaba yendo a Comodoro Rivadavia (no recuerdo exactamente desde donde), pero se perdió y terminó ahí. Yo le hice un mapa indicándole donde estaba y por donde tenía que ir, era lo único que podíamos hacer. En un momento agarré su celular y vi que tenía muchísimas llamadas perdidas, le pregunté si podía hablar con alguno de sus familiares, me dijo que sí, asi que llamé a su hijo, el cual me dijo que estaban super preocupados. Yo le dije que se quedara tranquilo, que podíamos ir con la policia para que lo convenzan de quedarse ahí hasta que su familia lo fuera a buscar, pero me insistió que siga con lo del mapita. A todo esto, mientras hablaba, Celeste estaba más adelante haciendo dedo y le frenó una señora en un auto blanco (creo que era un Fiat Uno). No sé bien qué le habrá dicho Leste a la señora, pero esta nos esperó hasta que nos despedimos del señor. De todas maneras, en cuanto me bajé del auto vimos que venía un patrullero, Celeste le explicó lo del señor, y los policias lo siguieron. Yo me anoté el teléfono del hijo para comunicarme después, para ver si había llegado bien. Nosotros seguimos viaje con la señora. Pobre, no habrá entendido nada de nada, incluso le habrá parecido medio sospechosa la secuencia, igual en el camino le explicamos lo que había pasado. Ella iba hasta San Luis, pero como no queríamos quedarnos atorados en una ciudad, le dijimos que nos íbamos a bajar en algún pueblo que esté antes, creo que el lugar en donde nos dejó se llama Balde. Ahí nomás nos pusimos a hacer dedo, el día no podía estar más gris, ya no quedaba mucha luz, y de plan B elegimos una garita que había por si había que pasar la noche ahí. Afortunadamente a la media hora para un señor en una camioneta que llevaba la caja llena de botellas de puré de tomate. El tipo nos dijo que iba hasta Villa Mercedes, asi que acomodamos las mochilas en el poco espacio que había en la caja y subimos. Por suerte nos avivamos de usar los cubremochilas porque al rato empezó a llover.
El viaje con éste tipo me incomodó un poco, no sé porqué, recuerdo que me hablaba a la vez se atiborraba la boca con hojas de coca. Por suerte se pasó rápido y al rato ya estábamos en Villa Mercedes.
Nos habían dejado en una YPF en la que muchos camioneros paraban para dormir, a una cuadra de ahí había otra estación de servicio en la que paraban aún más camioneros, asi que en teoría no tardaríamos mucho en salir ahí, en teoría. Preguntamos por aquí y por allá, pero nadie iba para el lado de Buenos Aires, y lo pocos que iban no nos podían llevar. Como ya era de noche no quisimos ir a hacer dedo, asi que decidimos tirar la carpa en el pastito en la YPF.

DÉCIMO CUARTO DÍA

Nos despertamos y nos dimos cuenta de que estaba lloviendo, por suerte habiamos puesto el nylon sobre la carpa, la cual de otra manera no se habría bancado tanta agua. Guardamos todo en las mochilas y desarmamos la carpa como venía, ahora lo único que quedaba por hacer era esperar a que pare el agua para poder ir a hacer dedo, entre tanto seguiríamos hablando con cuanto camionero apareciera. Pasó un día entero y no tuvimos suerte, el único camionero que se ofreció a llevarnos salía recién al día siguiente a las 10 y media de la mañana, pero encima nos había dicho que antes tenía que ir a cargar y que QUIZÁS pasara por ahí a esa hora. Esa tarde hablamos con varias personas que trabajaban ahí, entre ellas el chico que trabajaba en la gomería de la estación, el cual nos dijo que si necesitabamos cocinar o calentar agua nos prestaba su cocinita, de hecho nos calentó agua para merendar algo. Otra de las personas con la que hablamos fue con el tipo más extraño del mundo, el cual dijo ser camionero, y que había llegado ahí a dedo porque esa mañana se le quedó el camión cerca de los caracoles. Yo le pregunté cómo había logrado que lo levanten tan rápido, dado que aparte de ser un tipo grande, no llevaba ningún bolso o mochila, sólo una bolsa de plástico; él me dijo que llegó rápido porque los camioneros tienen una "seña secreta" para cuando se quedan en la ruta (WTF???).
Nuevamente ya estaba oscuro, otra vez tendríamos que pasar la noche ahí. En un momento se aparece uno de los playeros, que era un señor de unos cincuenta años y nos dijo que no durmiéramos en la carpa, que podíamos quedarnos adentro del localcito de la estación y dormir en un rincón. Esto nos pareció más conveniente que tener que armar la carpa llena de barro, aparte seguía lloviendo, no había parado literalmente en ningún momento el día.

DÉCIMO QUINTO DÍA

Por fin había dejado de llover, éste tenía que ser nuestro día. Nos levantámos y hablamos con dos camioneros, ninguno nos llevaba. El tercer camionero con el que hablamos nos dijo que iba a Buenos Aires, pero nos dijo que cualquier cosa nos avisaba; nosotros siempre con la mejor onda del mundo: "Bueno, muchas gracias" y siempre sonriendo. Al rato yo me fui al baño, mientras estaba ahí tenía el presentimiento que nos estábamos por ir de Villa Mercedes, fue cuando escucho que Celeste me llama y me dice: "Juan, apurate que nos vamos", se ve que el camionero se quedó pensando. Antes de irme fui a despedirme del chico de la gomería y le agradecí por la buena onda. Mientras nos íbamos vimos al supuesto camionero del día anterior vendiendo sandías al costado de la ruta.
Teto, el camionero, iba hasta Escobar, pero nos dijo que nos podía llevar hasta San Antonio de Areco, porque a partir de ahí ya no podía abrir las puertas del camión, debido al control satelital. En un momento, ya estábamos en Buenos Aires, eran las 5 de la tarde, y como era sábado había restricción a las 6, es decir, a partir de esa hora los camiones no pueden circular hasta determinado horario. El camionero no quería saber nada con tener que esperar hasta que termine la restricción, estando tan cerca de su casa. Asi que le metió y llegamos sobre la hora a Escobar en donde tenía que descargar (sí, al final nos llevó todo el camino). Nos tuvimos que esconder detrás de la cortina mientras metía el camión al predio de la empresa para descargar, ahí mismo le destrababan las puertas los del control satelital. Después de descargar, Teto se copó y nos llevó hasta Panamericana y 197, ¡estábamos a un viaje de 20 minutos en colectivo de casa! Le agradecimos por todo y nos despedimos.

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